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Historia
La Hermandad de San Juan Evangelista fue fundada, según tradición
oral, en 1750, no habiendo documentos escritos que lo atestigüen. El
documento gráfico más antiguo que poseemos es una fotografía de
Viernes Santo de principios del siglo XX donde aparece la antigua
imagen, de un San Juan más joven, el estandarte con la Cruz de Malta
y sus cofrades vistiendo túnica blanca.
Basada siempre en la tradición, nuestra Hermandad ha hecho de la palma, la Cruz de Malta y el Carrico sus señas de identidad. A éstas hemos añadido en los últimos años el águila que simboliza a San Juan en el tetramorfos y el Evangelio. En la Semana Santa de Tobarra, nuestra Hermandad es una de las que participa en más desfiles procesionales. Fiel a la persona histórica de San Juan, siempre acompaña a María según el mandato del Maestro, estando presente en las procesiones de Jueves Santo, Viernes Santo en la procesión al Calvario y en la del Santo Entierro y Domingo de Resurrección. En la actualidad la Hermandad cuenta con 280 hermanos. El paso procesional está compuesto por una única imagen que representa al Santo titular de la Hermandad: San Juan Evangelista, discípulo amado de Jesús al que siguió como uno de sus doce Apóstoles y de quien mereció especiales muestras de afecto. Nacido en Betsaida (Palestina), fue autor del cuarto Evangelio, tres epístolas y el Apocalipsis, es considerado por Pablo como una de las columnas de la primitiva Iglesia cristiana. (ver Vida y Obra).
Única imagen
de la Hermandad, fue traída a Tobarra en plena posguerra (AÑO 1940),
tras la trágica destrucción de la anterior, por el entonces
presidente de la Hermandad, Juan García Camacho, “Perijuán”, quien
se encargó de sufragar la totalidad del gasto, del que, en la
actualidad, no disponemos de ningún documento que atestigüe su
valor. De la anterior talla de San Juan, no se conserva ningún
resto, pues fue totalmente destruida durante la Guerra Civil, aunque
se tienen referencias de ella a través de muy pocos documentos
fotográficos y de tradición oral. (FOTO LIBRO SS ’06) La actual imagen de San Juan fue encargada a un taller de Olot (Gerona), localidad de gran tradición en la fabricación de imágenes religiosas. Se trata de una imagen religiosa de bulto redondo, exenta, hecha de una sola pieza utilizando como material la escayola policromada. Representa al Evangelista, de pie, con el brazo derecho extendido apuntando al horizonte y la mano izquierda sobre el pecho. El rostro tranquilo, con barba cerrada (a pesar de que la iconografía suele representar al Evangelista con una barba incipiente que refleje su juventud) ligeramente inclinado hacia atrás, quizás para acompañar la mirada al cielo. La cabeza de San Juan va tocada de una aureola mística, dorada y calada en la que aparece el símbolo del Evangelista, uno de los tetramorfos: el Águila. Además la imagen se acompaña de la ya tradicional palma rizada por las monjas Clarisas, que sujeta en el brazo derecho. La simbología de la palma aparece en la iconografía cristiana como símbolo de la victoria y como símbolo del triunfo de los mártires. Por último, en el pecho tiene reseñada, con pan de plata envejecido, una Cruz de Malta, enseña de la Hermandad. La cruz de Malta es el símbolo de los caballeros de la Orden del Hospital de Jerusalén, fundada en ese lugar a finales del siglo XI, después de la primera cruzada. El motivo de que aparezca como enseña de la Hermandad responde a motivos tradicionales, quizás debido a la confusión entre San Juan Bautista ( santo titular de la Orden Militar) y San Juan Evangelista. La imagen, en la actualidad se guarda en la sede de la Hermandad, donde ocupa un lugar preferente. Anteriormente, recibía culto en la Iglesia de la Asunción, pero debido al mal estado de la capilla y sus repercusiones sobre la imagen se decidió sacarla de la iglesia y custodiarla en casas particulares, donde las condiciones de conservación fuesen mejores. De este modo la imagen, hasta la construcción de la Sede, pasaría por las casas de Jesús Perijuán y de Miguel Gómez. En este sentido, el actual San Juan ha sido restaurado en tres ocasiones:
Como elementos que componen el vestuario de la imagen son, la corona y la palma. La corona actual fue realizada en el año 1999, por Antonio Jiménez “el Batanero”, basada en el diseño de Fernando M. Martínez García y Pablo J. García Carrillo. Anteriormente existía otra más sencilla que fue la que traía la imagen de origen. Respecto a la palma, destacar que se trata de un elemento natural, que para su elaboración son necesarias cuatro palmas, que todos los años confeccionan las monjas Clarisas de Hellín. Siendo este elemento el más característico y representativo, tanto de la imagen como de la Hermandad. La palma lleva un lazo de color verde propio de la hermandad, bordado con la iniciales H.S.J.E. y el año de fundación 1750. Únicamente se le sustituye por uno idéntico de color negro para la procesión del Santo Entierro.
La imagen actual comenzó a desfilar con el antiguo trono del Señor
de la Caña (Ecce-Homo),
En el año 1986 se plantea la necesidad de ampliar el trono antiguo, para dotarlo de mas agarraores, al mismo tiempo surgió el ofrecimiento para aprovechar la peana superior del antiguo trono de la Virgen de los Dolores resultando esto una solución mas idónea para lo que requería la hermandad en ese momento. Los intensos trabajos de restauración llevados a cabo en el taller de Miguel y Jesús (Carpimueble), por personas de la hermandad, para adaptar la peana sobre una base y estructura nueva, que diera lugar a un trono con capacidad para dieciséis agarraores, con un peso de 950 Kg. Este trono, con posteriores modificaciones y alumbrado nuevo, estuvo desfilando hasta la Semana Santa de 1995, siendo sustituido por el actual.
El coste inicial del trono ascendió a 3.700.000 pesetas,
complementandose al año siguiente con el nuevo alumbrado, obra del
mismo tallista murciano y valorado en 1.600.000 pesetas. En la actualidad, el trono se guarda en la sede de la Hermandad.
Estandartes:
Del
estandarte anterior no conocemos a su autor,
Tenemos conocimiento de otro estandarte anterior de principios de siglo, a través de documentos gráficos, era un estandarte mayor que los actuales, en su parte inferior terminaba en picos, a su vez en el centro de este se caracteriza por la cruz de malta blanca sobre fondo verde, posiblemente sobre tela de raso.
El estandarte actual es obra de las monjas Clarisas de Albacete,
Confeccionado sobre terciopelo verde y blanco, con la cruz de malta central y dos palmas bordadas en oro a ambos lados, todo ello realzado con diversos adornos bordados en hilo de oro y pedrería y en la parte posterior va inscrito “Hermandad San Juan Evangelista año 1987”.. Se conserva durante todo el año en la sede de la hermandad.
Vestimenta y complementos de los Nazarenos.
De anteriores etapas se tiene conocimiento de que se desfilaba con
túnicas y capuz de tela blanca, hasta el año 1957, a partir de
entonces se incorporo el peto verde con la cruz en blanco, tal y
como la conocemos en la actualidad.
Las túnicas actuales de la hermandad siguiendo la tradición de formas y colores de etapas anteriores comenzaron a desfilar en el año 1987, se trata de una túnica confeccionada en tela de raso blanco y el escudo de la Hermandad bordado en la manga izquierda, complementado con un “peto“(especie de casulla) de raso verde con la cruz de malta bordada en blanco en la parte frontal superior y cordón verde anudado a la cintura. En la actualidad la Hermandad dispone de 450 túnicas.
La hermandad no dispone de cetros para los cofrades, aunque
peculiarmente se utilizan como tal palmas naturales procedentes de
Elche de Alicante, las cuales son sustituidas todos los años. Se
desfila con ellas en la procesión de la amargura de Jueves Santo y
en la procesión al Calvario de Viernes Santo en la mañana. Existen
tres cetros de metal con el emblema de la hermandad e iluminados,
utilizados habitualmente para presidir la procesión y se sitúan
cerrando las filas de la hermandad, detrás de la imagen de San Juan
Evangelista. Antiguamente, se utilizaron cetros rematados con un farol de vela para la noche de Jueves Santo. Después se hicieron otros con bombillas eléctricas a pilas y posteriormente sobre 1954, se hicieron cetros de madera pintados de blanco con una bola y una cruz circunscrita por un aro de chapa. Los últimos eran niquelados y con la cruz de Malta cruzada por dos palmas fundida en bronce. En la sede conservamos actualmente diversas muestras de estos cetros.
Un complemento que caracteriza inequívocamente la Hermandad de San
Juan Evangelista es el “carrico”.
En 1936, junto con la imagen era destruido “el carrico”, que aparecería después de la guerra doblado y chafado en el cerro de la estación. Lo encontró Joaquín Camacho y lo arreglo Francisco Huerta. Esta realizado en chapa metálica pintado de blanco y verde con la inscripción J. H. S. En la actualidad este “carrico” después de unos años sin participar en las procesiones, vuelve a desfilar junto con el nuevo.
El nuevo carrico, se construyo en el año 1992 y los encargados de
realizarlo fueron “el moso”, “perijuan” y “el batanero”.
A continuación vamos a hacer un recorrido por la vida de San Juan. El desconocimiento general de su vida y de su obra nos hace, a veces, despreciar su papel en nuestros desfiles procesionales. La siguiente información pretende instruirnos acerca de la importancia de Juan en la vida de Jesús y de su cercanía al Maestro en todos los momentos claves de la Pasión, Muerte y Resurrección, así como su dedicación a transmitir Su mensaje hasta el final de sus días.
Hijo de Zebedeo y Salomé, junto con su hermano Santiago, ambos pescadores, se hallaban remendando las redes a la orilla del lago de Galilea, cuando Jesús, que acababa de llamar a su servicio a Pedro y a Andrés, los llamó también a ellos para que fuesen sus Apóstoles. El propio Jesucristo les puso a Juan y a Santiago el sobrenombre de “Boanerges”, "hijos del trueno" (Lucas 9, 54), aunque no está claro si lo hizo como una recomendación o bien a causa de la violencia de su temperamento. Pedro, Santiago y Juan, (representantes de las tres edades del hombre en la iconografía artística) formaron el grupo de confianza de Jesús, pues fueron los elegidos para presenciar su Transfiguración, ser testigos de la resurrección de la hija de Jairo y de velar y orar con él en el Huerto de Getsemaní. Juan se refiere a sí mismo en su Evangelio como “el discípulo a quien Jesús ama”,ya que el Maestro le demostró en muchas ocasiones ese afecto especial. Él junto con Pedro fueron los encargados de organizar la Cena Pascual. Fue durante esta Última Cena cuando Jesús, demostrando su afecto, permitió a Juan recostar su cabeza sobre su pecho y fue a él a quien Jesús confesó qué discípulo iba a traicionarle. Juan fue el único apóstol que permaneció con la Virgen María al pie de la cruz, durante la Agonía, y quien recibió el encargo de tomarla bajo su cuidado como si fuera su propia madre. El propio Evangelio recoge el momento en que Jesús demuestra su confianza en Juan: “Mujer, he ahí a tu hijo” -dijo a María- y, refiriéndose a Juan, dijo “ he ahí a tu Madre”. Juan, cumpliendo el mandato del Maestro, la llevaría a su propia casa, como a una verdadera madre, donde cuidó de ella. Junto con Pedro, pilar de la Iglesia, comprobó que el sepulcro estaba vacío la mañana de la Resurrección. A los pocos días, Jesús se les apareció por tercera vez, a orillas del lago de Galilea. Fue entonces cuando interrogó a Pedro sobre la sinceridad de su amor y lo puso como primera piedra de su Iglesia, a la vez que le anunció su martirio. Pedro, preguntó al Maestro sobre el futuro de Juan. El propio Juan recoge este pasaje en su evangelio: “Señor, y éste ¿qué?” (Jn, 21,21). Jesús le respondió “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa?. Tú sígueme. (Jn, 21,22) Debido a aquella respuesta, no es sorprendente que entre los hermanos corriese el rumor de que Juan no iba a morir, un rumor que el mismo Juan se encargó de desmentir al indicar que el Señor nunca dijo: "No morirá". (Jn 21,23). En los episodios posteriores a ésta, los dos aparecen constantemente juntos, defendiendo, por ejemplo, a Jesús ante el Sanedrín y soportando sus increpaciones. A los dos hallamos juntos predicando y bautizando a las muchedumbres, en los días inmediatos a Pentecostés. Los dos van a Samaria para invocar allí al Espíritu Santo sobre los ya bautizados, es decir: para administrarles la Confirmación. Desde Pentecostés hasta iniciados los últimos treinta años del siglo apostólico, un silencio casi absoluto rodea a San Juan, por parte de la Tradición y por parte de la Escritura. Sabemos, sí, que predicó en Samaria, que asistió al Concilio de Jerusalén el año 50, que vivió al lado de María, consagrado, puede, que a su cuidado, a la predicación en lugares modestos y a una vida de recogimiento.
Vida en Èfeso
El más joven de los apóstoles de Cristo, también fue el más longevo. A finales del siglo I, su figura se realza debido a sus escritos y a la autoridad de su palabra como testigo directo de la vida de Jesús. En un momento que es difícil precisar, entre la muerte de San Pedro y San Pablo y la ruina de Jerusalén, fue Juan a establecerse en Éfeso, en Asia Menor, en la costa Jonia. Probablemente hacia el año 68. Eusebio de Cesarea, primer historiador de la Iglesia, recoge en su obra un texto que podemos fechar en torno al año 130 de nuestra Era donde, el obispo de Hierápolis, San Papías, discípulo de Juan, se refiere a éste pocos años después de su fallecimiento como “Juan el Anciano, discípulo del Señor”. Por varias fuentes sabemos la vitalidad de la comunidad cristiana de Éfeso, regida un tiempo por San Pablo, y después por San Juan. La predicación del Apóstol de las Gentes obtuvo en Éfeso éxitos maravillosos, que le hicieron exclamar: "Una puerta grande se me ha abierto..". Éfeso, situada a medio camino entre Oriente y Occidente, era uno de las provincias eclesiásticas más activas que pudo contar con el único apóstol testigo directo de la Palabra de Jesús que había sobrevivido al resto de los discípulos. Cuando habían desaparecido todos los "testigos de la palabra", los oyentes de Jesús, quedaba allí Juan, que había visto al Maestro con sus ojos, y le había tocado con sus manos, y había recogido las últimas palabras de su vida mortal. Semejantes noticias acerca del prestigio de Juan debieron de llegar al emperador Domiciano. Del 94 al 96 Estamos en el bienio 94-96 fue el tiempo en que se desplegó su persecución. Ahora bien: sabemos por Eusebio de Cesarea, que el Emperador dispuso la detención de varios orientales, por sospecharles especiales autores de la creencia, muy extendida en Oriente, sobre un próximo reino de Jesús de Nazaret, vástago de David, que abarcaría el mundo entero. Este episodio de su vida es uno de los menos claros. Si bien hay fuentes que afirman que Juan fue el único Apóstol que no sufrió martiro, Tertuliano, (siglos II-III) afirma que Juan recibió martirio con aceite hirviendo junto a la Puerta Latina, a las afueras de Roma, al principio de la vía que atravesaba el Lacio. Tertuliano lo narra con emoción, añadiendo que el Evangelista, después de haber salido incólume del perverso baño, fue relegado, por orden imperial, a una isla. Patmos. Consta históricamente que fue la de Patmos, en el mar Egeo, árida, agreste, volcánica; allí tendrá las visiones del Apocalipsis y permanecerá largos meses, hasta la muerte de Domiciano, para regresar a su Éfeso querida, amparado por una amnistía general, decretada por Nerva.
Su obra.
La tradición nos ha transmitido un hermoso
anecdotario de la última vejez del Apóstol. Según San Ireneo, fue su
lucha contra las primeras herejías que surgieron en la Iglesia, que
negaban la divinidad de Cristo, lo que le movió a escribir su
experiencia con el Maestro en lo que finalmente se convirtió en el
Cuarto Evangelio. "Todas estas cosas las escribo para que podáis creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que, al creer, tengáis la vida en Su nombre" Su Evangelio tiene un carácter enteramente distinto al de los otros tres y es una obra teológica tan sublime que, como dice Teodoreto, "está más allá del entendimiento humano el llegar a profundizarlo y comprenderlo enteramente". La elevación de su espíritu y de su estilo y lenguaje, está debidamente representada por el águila que es el símbolo de San Juan el Evangelista. También escribió el Apóstol tres epístolas: a la primera se le llama Católica, ya que está dirigida a todos los otros cristianos, particularmente a los que él convirtió, a quienes insta a la pureza y santidad de vida y a la precaución contra las artimañas de los seductores. Las otras dos son breves y están dirigidas a determinadas personas: una probablemente a la Iglesia local, y la otra a un tal Gayo, un comedido instructor de cristianos. A lo largo de todos sus escritos, impera el mismo inimitable espíritu de caridad. Aquella caridad que inflamaba su alma, deseaba infundirla en los otros de una manera constante y afectuosa. Para algunos es el verdadero predecesor del franciscanismo. Dice San Jerónimo en sus escritos que, cuando San Juan era ya muy anciano y estaba tan debilitado que no podía predicar al pueblo, se hacía llevar en una silla a las asambleas de los fieles de Efeso y siempre les decía estas mismas palabras: "Hijitos míos, amaos entre vosotros . . .” . Alguna vez le preguntaron por qué repetía siempre la frase, respondió San Juan: "Porque ése es el mandamiento del Señor y si lo cumplís ya habréis hecho bastante". San Juan murió pacíficamente en Éfeso hacia el tercer año del reinado de Trajano, es decir hacia el año cien de la era cristiana, cuando tenía la edad de noventa y cuatro años, de acuerdo con San Epifanio. En el siglo II d. C. el obispo de Éfeso aseguró haber identificado su tumba. Irineo, obispo de Lyón en 180 d. C., respaldó dicha hipótesis, al tiempo que afirmó que su obra la había escrito en parte en Éfeso y en parte en Patmos, y, a partir del siglo VI, la iglesia de Éfeso aseguró también poseer el manuscrito original del cuarto Evangelio. Iconografia.
San Juan es sin duda un hombre de extraordinaria y al mismo tiempo de profundidad mística. Al amarlo tanto, Jesús nos enseña que esta combinación de virtudes debe ser el ideal del hombre, es decir el requisito para un hombre plenamente hombre. Por eso el arte tiende a representar a San Juan como una persona suave, y, a diferencia de los demás Apóstoles, sin barba. Es necesario recuperar a San Juan como modelo: el hombre capaz de recostar su cabeza sobre el corazón de Jesús, y precisamente por eso ser valiente para estar al pie de la cruz como ningún otro. Por algo Jesús le llamaba "hijo del trueno”. Esta iconografía se completa con el Águila del Tetramorfos, por su visión mística elevada y un libro por sus escritos llenos del Espíritu Santo, por lo que también ha sido considerado como patrón de teólogos y escritores.
REPRESENTACIONES DE JUAN EN LA HISTORIA DEL ARTE.
La última Cena de Leonardo Deésis San Juan de Salzillo Apocalipsis San Juan en Patmos Tetramorfos de Taüll
Fuente Bibliográfica: Vidas de los Santos de Butler, Vol. IV.
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